1.

En la Bienal de Sao Paulo de 1961 Rafael Leoz presentó con un gran éxito de la crítica internacional el módulo HELE. La principal tesis en la que se apoyó el arquitecto fue la enorme capacidad constructiva de este elemento modular además de su capacidad de combinación para conformar estructuras complejas. En los estudios de Leoz se presentaban hasta 123 posibles combinaciones de dos HELES.
Leoz estaba interesado en la idea de “la industrialización de la arquitectura” y en un tipo de arquitectura con una “funcionalidad social”. El modulo, por tanto, articulaba de una manera solvente una eficiencia en lo económico y hacia sencilla la tarea de ejecutar un gran número de viviendas, hecho que en América latina, en un momento en que gran parte de la población se estaba mudando a las grandes ciudades cobró un alto interés de los asistentes de la Bienal de SP.
A su vuelta a España, el 26 de Abril de 1962, Leoz presentó su proyecto en el Colegio de Arquitectos de Madrid donde recibió una oposición tajante y rotunda a su proyecto. La idea de la funcionalidad social que planteaba Leoz era recibida con recelo en el mainstream de la arquitectura franquista. Fueron Sainz de Oiza y Fisac los dos mayores exponentes del enfrentamiento a la propuesta de Leoz. Ambos se opusieron de manera contundente a esa idea de la “insustrialización de la arquitectura” que relegaba el papel del arquitecto como un mero combinador de módulos y no como un creador con capacidad y status artístico.
El interés, por tanto, tiene lugar en esa oposición antagonista entre lo industrial y su funcionalidad eficaz en lo social, lo creativo y específico vinculado a la labor artística y a crear dispositivos exclusivos. La placa de aluminio con la incisión de numerosas combinaciones del módulo HELE está pintada con una pintura martelé, con una clara alusión al mundo industrial, elaborada de un modo manual, molesto que hace presente de manera inherente esa incompatibilidad.
La pieza de cobre que acompaña la instalación, por el contrario alude precisamente a un material asociado inequívocamente a la funcionalidad, como son las tuberías modulares de cobre, que en esta ocasión sirven para un elemento constructivo desposeído de ninguna función, no conectan nada, no tienen utilidad más allá que la de ser un elemento artístico.

2.
Un caso curioso es la figura del conocido escultor monumentalista español, Enrique Pérez Comendador. Con una extensa producción, Comendador, no suele salirse de la temática nacional, el retrato y homenaje de personajes de rancio abolengo. Llama poderosamente la atención encontrar entre su producción, una obra muy desconocida de sus inicios como escultor. Se trata de un boceto a gran escala, que Comendador realizó en 1932 para participar en el concurso público que se celebró para otorgar un proyecto de ejecución de un monumento público homenaje a Pablo Iglesias. Destaca aún más la imagen, al situarla junto a otro boceto del escultor, realizado en 1953, en la que realiza una estatua ecuestre del Dictador Francisco Franco.
La yuxtaposición de ambas imágenes junto a unas esculturas de nudos (blandos ejecutados en resina y duros ejecutados en metal) compone una instalación que habla de la capacidad de adaptación sin importar la ideología. La forma como excusa y finalidad, la ideología como contexto intercambiable.

3.
Los patrones ornamentales ejecutados sobre artefactos vinculan a personas con cosas y con proyectos sociales que esas cosas entrañan. Seguramente es más fácil convencer a un niño de ir a la cama- algo por lo que los niños no suelen mostrar una gran inclinación- cuando las sábanas están decoradas con profusión de naves espaciales, dinosaurios o hasta con lunares siempre que sean lo suficientemente alegres y atractivos. La ornamentación de los objetos es un componente de una tecnología social, una tecnología psicológica, que anima y sostiene las motivaciones exigidas por la vida social. Que el mundo esté repleto de objetos decorados se debe en parte a que, con frecuencia, la decoración es clave para la funcionalidad psicológica de los artefactos, que resulta indisociable de los demás tipos de funcionalidad que poseen y especialmente de su funcionalidad práctica y de su funcionalidad social.
Las piezas están realizadas en placas de pladur de techo, un material común en espacios laborales e institucionales que se inscribe como contexto poderosamente ideológico y que pasa desapercibido. Las placas llevan inscritas unas tallas por control mecánico con frases que aluden a la construcción simbólica y política desde los elementos mínimos.

4.
No hay imagen sin imaginación, ni forma sin formalización. Aquello que llamamos visible adquiere muy diversos modos imaginarios en su presentación ante nosotros, en la medida en que es enviado por alguien y puesto en circulación (siempre) desde la subjetividad. Cada una de estas posibilidades, actos y puestas en escena, conforman una imagen diversa, atada a un cuerpo, vinculada a un medio, a un espacio, una gramaticidad, un conjunto de remisiones y tensiones, a una función social, a un ámbito interpretativo…
Lo que percibimos y usamos como imagen es el resultado de la conjunción de todos esos factores, es el anudamiento de sus maneras de presentarse, remitirse y vincularse.